Saturday, May 18, 2013

Quien mato a Chalino Sánchez

El Debate


Los Mochis, Sinaloa.- Eran los últimos meses del gobierno de Francisco Labastida Ochoa en Sinaloa. En la pantalla chica, Gael García Bernal hacía sus pininos en televisión en la telenovela El abuelo y yo, mientras que Gaby Rivero se ganaba el corazón de todos con su papel de la maestra Ximena en Carrusel de las Américas.

En el plano internacional, los fanáticos de Queen no se resignaban aún a la muerte de Freddy Mercury. En los escenarios mexicanos, el quinteto pop Magneto comenzaba a volar muy alto, la Banda Machos llenaba los bailes y el español Alejandro Sanz empezaba a pisar fuerte.


Del otro lado de la frontera de México y Estados Unidos, un joven nacido en el rancho Las Flechas, en el municipio de Culiacán, se abría paso en la música en la región de Coachella, en California.

Rosalino Sánchez Félix había emigrado, aún menor de edad, y había trabajado en todo: en la pizca de frutas, en la compraventa de vehículos y hasta de "pollero" (tráfico de inmigrantes ilegales).

Se dicen muchas historias en torno a los motivos que lo obligaron a cruzar de ilegal al otro lado. La más escuchada es que había huido de México, donde habría asesinado al hombre que, una década atrás, abusó de una de sus hermanas.


Un juglar del siglo 20. Rosalino Sánchez, quien se hizo conocer con su cariñativo “Chalino”, comenzó a ganar fama entre la comunidad mexicana de California por su habilidad para escribir corridos.

Fue un compositor "a pedido", ya que gente muy poderosa, la mayoría narcotraficantes, le encargaba que musicalizara sus historias y proezas en los casetes de la época.

Así, en sus inicios se empezaron a escuchar, en los estéreos de sus clientes y de los fans que poco a poco fue ganando, los corridos de Armando Sánchez (que escribió en homenaje a su hermano asesinado), El Sapo, Beto López y Los sinaloenses.

Otro mito que se cuenta de él, y que confirma su amigo, el líder y acordeonista del grupo Los Amables del Norte, Nacho Hernández, es que a veces se metía al baño y salía 10 o 15 minutos después con un corrido nuevo.


El ascenso a la fama. Fue precisamente Los Amables del Norte el grupo que acompañaba a Chalino Sánchez en sus presentaciones y uno de los únicos seis con los que grabó en vivo o en estudio casetes o elepés (LP, long play, disco de larga duración). Los otros fueron: Los Guamuchileños, Banda La Costeña, Banda Culiacán, Banda Flor del Campo y Los 4 de la Frontera.

A Nacho Hernández le tocó ser testigo del ascenso a la fama de Chalino Sánchez, y cuenta la experiencia en entrevista vía telefónica a EL DEBATE, desde su casa en San Diego, California.


Habla de su 'compa'. Una dura crítica fue la que en 1985 hizo Nacho sobre Chalino Sánchez, a quien no se imaginaba que tres años después conocería y le acompañaría hasta su último concierto.

"Fue un compadre mío de acá de Los Ángeles a Culiacán y llevó un casete de Chalino, el de El Sapo. Le dio una vuelta, dos, tres, cuatro, cinco, entonces le dije: quita ese casete ya. No, no -me dijo-, es Chalino. Y le dije: pues qué le hace que sea Chalino ¡está muy feo! No me gustaba nada como cantaba mi compa Chalino", recordó con una risa nostálgica.

En 1988 Nacho Hernández llegó a vivir a la Unión Americana y al contactar a su viejo amigo, este le comentó que tenía por vecino a Chalino Sánchez y que quería grabar unas canciones con su grupo.

"Pues si paga, sí", le respondió. "Cuando llegamos a Lynwood, donde vivía Chalino, ya llegó mi compa y pues él no era muy carismático, o sea, muy abierto. Empezamos a ensayar el corrido de Tino Quintero: 'Para cantar un corrido voy a afinar mi guitarra' (canta imitando a Chalino) y ¡me gustó!". 

Tras una semana las grabaciones formales iniciaron y el acordeonista relata que la unión fue todo un éxito. "De ahí para acá mi compa Chalino, de vender 4 mil casetes, de cuando él sacaba sus casetes, subió a 30 mil. Fue un cambio como ir de aquí a Culiacán a pie, ¡imagínese!".

Pero el dinero no llegó de golpe, pues a la mancuerna de talentos les tocó pasar por situaciones de carencias, aunque normalmente era Chalino Sánchez quien podía solventarlas más.

"En aquel entonces éramos muy pobrecitos, estábamos muy apenitas y a él nunca le pesó darme 100, 200 dólares que en aquel entonces era un dineral. 300 (dólares) me dio un día y ¡uta! era un dineral para mí".

Poco a poco, con las presentaciones abarrotadas que les tocó compartir en la Unión Americana, el dinero en efectivo empezó a aumentar tras finalizar cada show, siendo estos en su gran mayoría en Coachella, en El Parral, de South Gate, y El Farrallón, de Lynwood. "En Coachella lo recuerdo como si fuera ahorita. A las ocho de la noche ya no cabía un alma en el salón".

Sencillo. A pesar del boom artístico en el que poco a poco se convertía el joven nacido en Las Flechas, Culiacán, nunca recurrió a los diseños especiales. "Él iba a The Pacific Park, ahí compraba toda sus ropas, sus tejanas, sus botas; creo que era en la (tienda) Tres Hermanos. Pero él nunca usó sacos hechos por diseñador, él nomás compraba sus chamarras, sus sacos a como venían", expresó Hernández, quien aclaró que al cantautor tampoco se le olvidó el compartir con él lo poco o mucho que ya tenía, pues en constantes ocasiones le compartió y otorgó camisas y tejanas.


Alma enamorada. A pesar de que Chalino Sánchez ya estaba casado, con Marisela Vallejo, y era padre de los pequeños Adán y Cynthia, las bellas mujeres no las descartaba de su vida. "Mi compa era un gallo, era muy enamorado. Sí tenía dos tres caíditos, pero él quería mucho a su hijo Adancito".

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